jueves, 25 de febrero de 2010

Cielo

Los paseos con Indio por nuestro jardín fueron grandiosos. Sólo él y yo. Iba cómodo en su cochecito y con su chupete apretado y gustoso.
Acordábamos tiempos y luego se entregaba al vaivén de ese ritmo monótono de las vueltitas hasta que se dormía.
Lo mas bello era ver sus ojitos de asombro y de atención en el reconocimiento del paseo entre tanta naturaleza. Las hojas de los árboles, el vuelo de los pajaritos, el nido de las palomas y el dulce aroma de la atmosfera selló su rutina del verano en casa.
Hubo secretos compartidos entre caricias y susurros. Hoy me queda esta foto que tomé desde su cochecito, su mirada en el cielo, su cielo.

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